Arboglifos / El arte vasco de los álamos

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Existe un nuevo y floreciente campo en el mundo de la Arqueología; es el estudio de los grabados tallados en árboles de las culturas del pasado. A estas tallas en los árboles se les llama arboglifos (literalmente significa escritura de los árboles, en los USA también se les denomina árboles culturalmente modificados, CMT).  En EE.UU. los grabados que se encuentran en la corteza de los álamos a lo largo el noroeste del Pacífico y el oeste americano han sido realizados por pastores vascos y americanos principalmente. También se han documentado en el norte de California y en áreas como Boise, Idaho, y en Aspen y Steamboat Springs, Colorado.

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Según los arqueólogos, tallar formas y símbolos en árboles vivos probablemente haya sido una práctica habitual en las civilizaciones de todo el mundo, aunque quedan muy pocos árboles modificados que tengan más de un centenar de años. Los arboglifos se graban en la madera viva, con lo que la vida útil queda limitada habitualmente a la del árbol – a diferencia de los petroglifos, que pueden datar de hace miles de años, los grabados arbóreos están entre las artes más fugaces de las culturas antiguas.

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Probablemente los arboglifos más estudiados son los realizados por los inmigrantes vascos que dejaron España para trabajar como pastores en el oeste de los Estados Unidos a mediados del siglo XIX. Miles de hombres vascos dejaron sus aldeas en las montañas del norte de España y emigraron a América en busca de una vida mejor. A mediados de la década de 1900, otros vinieron para escapar de una guerra civil que terminó con la llegada al poder del dictador Francisco Franco. El pastoreo les llevaba a pasar largos meses de soledad en algunos de los bosques más remotos del continente. Durante meses, vivieron en remotas alamedas cercanas a los prados, donde pastaban sus ovejas. Solos y lejos de sus familias, los pastores grabaron con nostalgia sus nombres, pensamientos y fantasías sobre los árboles. Algunas de las imágenes son elaboradas, evocadoras de los profundos anhelos de unos hombres solitarios en una tierra nueva y extraña. Otras son crudamente pornográficas. (Sobre el tema del sexo de nuestros aitonas a nosotros no ha cambiado en exceso)

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El experto más importante en arboglifos es el profesor Joxe Mallea-Olaetxe, profesor de historia vasca en la Universidad de Nevada, en Reno. Durante las últimas décadas, ha registrado alrededor de 20.000 grabados de árboles a lo largo de California, Nevada y Oregon, que se remontantan hasta finales del siglo pasado. Mantiene una base de datos de 13.000 a 14.000 grabados en su ordenador, y cree que lo que ha visto “es, probablemente, una parte muy pequeña de lo que hay ahí fuera.”” Sobre todo es historia. Para mí eso es lo que son”, dice Mallea-Olaetxea. “No hemos tenido estas tallas, ¿cómo sabes que estaban cuidando ovejas en los montes, por ejemplo, sobre eso no hay nada escrito. Siendo el País Vasco muy pequeño, y no teniendo muchos habitantes, es importante saber que hicieron, dónde estuvieron, cuánto tiempo, en fin… todas esas cosas. Y la única información que tenemos proviene de los árboles.” Estos grabados proporcionan un registro histórico de la presencia, experiencias y pensamientos de los pastores vascos en los bosques americanos desde mediados del s. XIX hasta 1950. Debido a la relativamente corta vida útil del álamo temblón (80-120 años), un número significativo de tallas se están perdiendo por la edad, enfermedades, plagas y el fuego. Es difícil encontrar ejemplos de tallas que se remonten a más de un siglo de antigüedad. Sin embargo, los investigadores han encontrado ejemplares de arboglifos muy antiguos en árboles caídos o muertos que permanecen en pie.

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Los arboglifos son una mezcla única de arte popular y la documentación histórica. Para los pastores, la corteza lisa y blanca de los álamos era su soporte natural. Todo lo que se necesita es un pequeño cuchillo, o una navaja. Se realizaba una pequeña incisión apenas visible en el tronco con la que se formaban palabras o imágenes. Y entonces todo lo que había que hacer era esperar a que la naturaleza siguiera su curso. “La talla no se empieza a apreciar hasta pasados tres o cuatro años”, dice Mallea, “cuando el árbol empieza a trabajar en la incisión. Al salir la savia exuda la herida, con el tiempo el proceso de curación del árbol oscurece las marcas, destacándose sobre la madera pálida del álamo.” La calidad y la legibilidad de las tallas varía mucho. Un grabador experto sabía cómo escoger el árbol apropiado y la herramienta adecuada, cómo hacer una incisión muy fina con la profundidad adecuada para fomentar la cicatriz perfecta que saldría a los pocos años, de manera que quedase una representación permanente y no distorsionada de su nombre, mensaje o arte. “Es el árbol el que hace la talla, no el pastor”, explica Mallea-Olaetxe.

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Es importante entender que los pastores de ovejas fueron tallando sus mensajes y dibujos para su propio disfrute y para otros pastores. La función principal de estos grabados vivos era la de transmitir mensajes, información sobre lugares convennientes para el pastoreo. También contenían temas sobre la nostalgia de la patria, o representaban el anhelo profundo del deseo de una mujer durante los largos días de verano, o, en algún caso individual, servían para expresar sus creencias políticas. Ese es el caso de los “graffiti” de Joaquín Gándara, un pastor con convicciones políticas que tallaba sus mensajes afectado por los derroteros que afectaban a la España de la Guerra civil en la decáda de 1930 y la llegada al poder del franquismo posterior.

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¡Viva la república. Muerte a los fascistas “, escribió en 1937.

Y el 27 de julio de 1938: “El fascismo y el comunismo son los dos extremos del salvajismo. ¡Viva la república agraria liberal “.

Luego, en lo que parece ser 1944, cinco años después del final de la guerra: “¡Muerte a los fascistas, separatistas, clérigos, los fanáticos, dictadores, a los políticos y a los ricos. ¡Viva la república libre …

Para el profesor Joxe Mallea-Olaetxe, los arboglifos representan una crónica de la vida occidental única y poco conocida. “Es una historia de la clase obrera, “saturada de humanidad, escrita por el propio pueblo sin ser revisada por  gobernantes o empresarios poderosos. No es una historia académica al uso, en este sentido es lo más democrático que se puede conseguir.”

Fuentes: El libro de Joxe Mallea-OlaetxeSpeaking Through the Aspens: Basque Tree Carvings in California and Nevada

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