Denise Colomb y su serie de retratos de artistas


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Denise Colomb, cuyo verdadero nombre era Denise Loeb, nació en París en 1902. Después de cursar estudios de violoncelo en el Conservatorio de París, se inició en la fotografía durante su estancia en Extremo Oriente (1935/37) acompañando a su marido, ingeniero del Cuerpo de Ingenieros Navales. Durante la guerra, adopta el seudónimo que conservará en su carrera de fotógrafa.

En 1948, Denise Colomb realiza su primer gran reportaje en las Antillas invitada por Aimé Césaire antes de emprender numerosos viajes por la India, Israel y Europa. Colabora con numerosas revistas (Le Leicaíste, Regards, Le Photographe) y efectúa trabajos de encargo para Point de vue-lmages du Monde: el médico rural en París, los cocheros de París, los subterráneos de París, L´Île du Sein.

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Retrato de Antonin Artaud, 1947
(Artaud) cambiaba todo el tiempo de expresión. No tenía apenas tiempo de preparme y apoyarme para realizar la foto. Sus manos eran tan trágicas como su rostro. Se podría decir que estaba esposado. Yo estaba commovida

Es con Antonin Artaud con quien debuta en 1947 realizando una larga serie de retratos de artistas. La figura emblemática del artista, los sueños y cicatrices que ella revela, le ayudan a revelar sus propios sentimientos. Desde 1947 hasta el final de la década de 1960, Denise Colomb (1902-2004) produjo una serie de retratos de artistas trabajando en sus estudios. Fue presentada a Artaud y el mundo del arte por sus dos hermanos, Pierre Loeb, director de la Galerie Pierre desde 1924, y Edouard Loeb, que abrió su propia galería en 1953. En sus fotografías, Colomb convierte el tema en amigo y cómplice. Denise Colomb capta a los artistas en sus estudios, algunos llenos de todo tipo de objetos, otros austeros y despejados. Colomb desconfía de la puesta en escena, busca de su lugar capturar al hombre en su entorno de trabajo, donde a menudo se concentra en un objeto característica o atributo. “Hay que olvidarse de todo, estar disponible, receptiva,vacía incluso “, comentaba de su proceso artístico. “Sólo así sus impresiones, son auténticas.” Su inclinación natural hace representar al hombre en lo que tiene más noble más cálido. Denise Colomb pertenece a la tradición francesa del realismo poético, junto a nombres como Bobat, Izis, Doisneau y Ronis.

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Retrato de Nicolas de Staël, 1954
Es el encuentro más emocionante de mi carrera. Recuerdos todavía más emotivos tras el drama, recuerdos que permenacen presentes. Fue a la vez un enfrentamiento y una complicidad. Sacó una gran tela, la cual solo vi el bastidor y que supuse que era uno de sus famosos cuadros de botellas. El esfuerzo le había cansado. He sacado a Staël con los brazos colgando, como si estuviese agotado. Luego a cruzado los brazo, me ha desafiado, ha desafiado al mundo. Yo tenía mi foto. Le he sacado a contrapicado para acentuar su alta silueta. ¡Qué emoción!

La visión torturada de Artaud, la belleza trágica de Nicolas de Staël, Giacometti humilde y rugoso, Picasso, estaua viviente, sentado apaciblemente en la escalera, Max Ernst con su pelo rebelde y la mirada inquieta posando frente a los tejados de París como escenario. Tanto la fotografía de celebridades como la de los seres anónimos, estas fotografías, esta pasión por el rostro nunca podrá olvidarse. Denise Colomb falleció el 1 de febrero de 20014.

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b Alberto Giacometti,1954
Giacometti tenía, sin duda alguna una cabeza soberbia, pero de una belleza especial. Giacometti era Giacometti. Tenía su paso propio, su inteligencia propia, su pudor y esa insatisfacción frente a la obra que el quería siempre más rara, más elaborada. ¿Era difícil, o no, de fotografiar semejante hombre? No sé.
Yo debía ponerme frente a él, esperar y no lanzarme sino hasta que el momento lo dictase.¡Cuánto me hubiese gustado conocer mejor al hombre y al artista!

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Retrato de Picasso, 1952
Qué audacia el presentarse en casa de Picasso, ese gigante al que los más grandes fotógrafos del mundo habían fotografiado. Fue en 1952, en la rue des Grands Agustins. El apartamento estaba totalmente consagrado a la pintura, todas las piezas eran diferentes estudios. Picasso estuvo extremadamente dócil, con una pequeña sonrisa irónica. Saqué algunas fotos importantes de esos bocetos, pero no me satisfacían todos. No me gustaban mucho pues tenía la impresión de no haberlas hecho yo, Denise Colomb. Cuando me iba, ví, en la escalera, una luz extraordinaria. Le dije a Picasso: “Una más, por favor, no tardarae mucho…” Mi flash me sirvió sólo para iluminar un muro que estaba demasiado en sombra. Pero la luz era espléndida. Y ha llegado aser una de mis fotos más conocidas.

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Retrato de Calder, 1950
Fue en la primera exposición en la galería Maeght en 1950. El mismo se había
colocado en el centro de un gran móvil al que rodeaba sus alas. Tenía mi foto.
Se habría podido hacer un reportaje bonito sobre la entrada del público. Sobre cada rostro, la misma expresión de felicidad, de maravilla.

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César, 1968
Con César, es la felicidad de la creación lo que me ha maravillado, esa habilidad para forjar, comprimir el metal y colar la materia. La fábrica abandonada donde trabajaba estaba hecha a la medida de sus posibilidades, de sus ambiciones. Mi ojo, estimulado por todos los lados, tenía ganas de fotografiar todo.La culminación de mis intentos fue, creo, su retrato con el casco de soldador, portando un soplete. Titulé esa foto: “El maestro del fuego”

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Hans Arp, 1954
En nuestro primer encuentro es cuando hice mi mejor foto. Una bella escultura de mármol blanco había llamado mi atención. a él también. Simplemente le pedí si quería posar detrás de ella. Hice varias foto desde diversos ángulos, no estuvieron nada mal, fotos bien compuestas, una bonita luz, todo. Pero Arp se desplaza y abraza la obra de formas femeninas, dejando sobresalir la cabeza: el cráneo calvo y ovoide se había convertido en un elemento de la escultura. La expresión de rostro era sereno. La voluntad del gesto, añadido al de la obra, me emocionó, y yo he sabido que esa emoción era transmisible. Arp era un poeta no sólo por sus obras, sino también escribiendo.

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Zapatos en el estudio de Riopelle, 1953
En 1953 fotografié a Riopelle. Al entrar en su estudio, tuve la impresión de penetrar en una de sus telas. Todo estaba salpicado y manchado de pintura. Ninguna pared se había salvado, incluso el gran espejo delante del cual situé inmediatamente al pintor, a contraluz. Riopelle era joven y guapo. Que suerte. No fotografié los cuadros sino la explosión del gesto. Aproveché una ausencia de
Riopelle para sacar algunas fotos del suelo y los zapatos que el pintor había dejado. Homenaje involuntario a Van Gogh.

Fuentes:Lejounaldelaphotographie.comAngladon.fr,

Imágenes: © ADAGP © RMN-Grand Palais. La serie entera de retratos de artistas podéis verla en la web Rmn.fr

 

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