Las cataratas de Monet

Monet_junto_al_estanque_Giverny_1917

“Monet es un pintor de leyendas. Las que hablan de su ceguera le alejan de la pintura al aire libre y le encierran en su taller, obsesionado con la mancha y el color, con el gesto y el azar. Un anciano que se acercaba a los ojos gastados los tubos de óleo, para saber qué demonios iba a aplicar sobre la tela sin preparación. Leyendas que hablan de su extrema exigencia, que le hacía navegar por el río sobre una barca-estudio con caballete intentando atrapar de la manera más fiel los reflejos de la luz en el agua. Leyendas que le describen como un científico con paleta y pinceles que en sus inicios auscultaba la realidad, y un terco apasionado por sus propias visiones de la naturaleza al final de su vida.

Hay otras que le cuentan como pintor de un color, el azul en todas sus variantes. Las que hablan de él como un insistente artista que aplicaba color hasta el cansancio, corrigiendo, mejorando, hasta que el cuadro crecía en empastes, en capas, en grosor, en rastro de pinceladas. Leyendas de cuento, en las que contrata a diez jardineros para que le monten un parterre gigante en el que quedarse para siempre jamás, pintándolo una y otra vez, sin olvidar el puente japonés ni los sauces, ni los nenúfares ni miles de flores. Un mundo en el que encerrarse y ensayar sobre los mismos motivos.

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Monet es material incendiario de novela romántica, más cuando se confirman una tras otra las leyendas que labraron la vida del padre del impresionismo y uno de los motores de la modernidad. La última de las caras que demuestran la importancia de Monet en la tradición de lo nuevo es la de presentarle como antecesor de la abstracción, en la segunda mitad del siglo XX.” Esto último nos contaba Peio H. Riaño respecto a  la exposición “Monet y la abstracción” celebrada en el Museo Thyssen en la primavera de 2010.

En contraposición a esta tesis, hace unos días, un amigo me recordó que había leído que la pintura de la última época de Monet estaba mediatizada por los problemas de visión del pintor. Así que, como lego en la materia, he de admitir que la ciencia también presenta sus tesis ante la historiografía artística, leyendas y literatura que rodea la vida y obra de Monet. A lo largo del s. XX han proliferado los estudios médicos basados en la documentación histórica de las enfermedades de los artistas para así contextualizar la “realidad” patológica del artista. Algunos de ellos iluminan con respeto su biografía, otros no dejan de ser meras investigaciones forenses. Y algo de esto pasa con la figura de Monet. Se conocía a través de su correspondencia y diferentes biografías, que Monet, al final de su vida, padecía de cataratas, un diagnóstico realizado en 1912. Pero es, a partir de los años 80 cuando empiezan a aparecer bastantes estudios al respecto. Este es el caso del artículo de JG. Ravin: Monet’s cataracts, JAMA escrito en 1985. Sin embargo, aquí me voy a hacer eco de uno de los últimos estudios, el realizado en 2006 por Michael Marmor, profesor de oftalmología de la Universidad de Stanford (Estados Unidos).

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Gráfico de agudeza visual que muestra vista nublada y efectos de color de una catarata con una incapacidad visual de 20/200.

Hijo de coleccionistas de arte, la deformación profesional le ha llevado a este profesor a cuestionar lo que intentaba expresar Monet en sus cuadros. Marmor publicó en The Archives of Ophtalmology un experimento que sostiene que los cambios de estilo que Degas y Monet acusaron en sus últimos años no responden a una evolución hacia el arte abstracto o expresionista, como defienden muchos críticos de arte, sino a las afecciones oculares que sufrieron con la edad. Degas tuvo una degeneración macular que le nublaba la vista y Monet padeció cataratas. “Su época más abstracta coincide con los años en los que veía tras el filtro borroso y amarillento de la enfermedad”, dice el científico. “Tras ser operado, volvió a su estilo anterior”.

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Catarata en un ojo humano

Según Marmor, progresivamente, con la edad, las cataratas (esclerosis nuclear) se manifiestan por el amarilleamiento y oscurecimiento del cristalino y tiene un efecto importante en la percepción del color así como en la agudeza visual. Las simulaciones visuales de su estudio se basan en la estimación de la decoloración del cristalino asociado a los diferentes niveles de pérdida de agudeza visual en las cataratas crónicas.

Monet era consciente de las limitaciones de su visión; en 1912 había consultado a varios oftalmólogos diferentes que le diagnosticaron cataratas.  Le recomendron la cirugía para el ojo que estaba en peor estado. Monet se resistió al principio a pesar de que la operación ya era  habitual y relativamente segura en esa época. Curiosamente, Monet estaba preocupado por si su percepción del color se vería alterada por la cirugía. Las limitaciones de la visión en Monet en esa época no eran muy preocupantes ya que no le planteaban grandes dificultades para pintar o en su vida personal, su agudeza visual en el año 1912 probablemente no llegaba a un 20/50.

A partir de 1914 y 1915, los problemas en los ojos de Monet se fueron agravando. Así los describe el propio Monet*: “los colores ya no tenían la misma intensidad para mí … los rojos comenzaron a enfangarse … mi pintura se hacía cada vez más oscura.” En su opinión, ya no podía distinguir o elegir los colores correctamente y lo hacía “confiando únicamente en las etiquetas de los tubos de pintura y por la fuerza de la costumbre.” Según el profesor Marmor todavía podía leer y escribir con esfuerzo, por lo que estima que su agudeza visual en el año 1918 estaba en torno a 20/100. Sin embargo, la coloración amarillenta del cristalino causaba mayores dificultades en su pintura por la falta de definición.

Entre 1919 y 1922, Monet temía dejar de pintar. Sólo pintaba a ciertas horas, cuando la iluminación era óptima, y era muy consciente de que se perdían los colores por la falta de definición del color amarillo de su visión, lo que hizo que su jardín pareciera gravemente monótono ( Figura 3 D). Diagnosticaron su agudeza visual en 1922 en 20/200 en el ojo bueno.

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Monet: La casa desde el jardín, hacia 1922. Museo Marmottan, Paris

Monet, finalmente accedió a la operación de cataratas en su ojo derecho, que se llevó a cabo en 1923 cuando tenía 82 años de edad. Posteriormente, destruyó muchos de sus lienzos tardíos. Muchos de los que quedan fueron rescatados por sus familiares y amigos. Prácticamente la totalidad de sus obras en este estilo tardío no tienen fecha, pero hay un Puente japonés de 1919 y una Casa en el jardín de 1922, que me lleva a creer que estas obras del estilo tardío fueron realizadas durante su período de graves dificultades en la visión. Por supuesto, no sabemos el grado en que Monet aceptó o quiso estos trabajos recuperados, y tampoco sé si volvió a trabajar en algunos de estos lienzos después de su operación de cataratas.

Según Marmor la cuestión no es tanto que los pintores viesen el mundo distinto y por eso pintasen raro, sino que sabiendo que ya no veían bien, trataron de compensarlo en su obra. Irónicamente “al mirar sus cuadros no eran capaces de juzgar si lo que acababan de pintar era, de hecho, lo que querían haber pintado”, dice Marmor.

Para explicar el lío, lo mejor es ver a través de sus ojos. Con un programa informático, Marmor aplica filtros que imitan la afección de cataratas:

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A Estanque con nenúfares y el puente japonés de Giverny: Una fotografía del puente en la actualidad.  B Puente sobre un estanque con nenúfares (1899), obra realizada antes de tener cataratas. C La misma fotografía del puente, borrosa como podría parecer a través de una catarata con esclerosis nuclear moderada. D La misma fotografía del puente visto a través de una catarata incapacitante con una agudeza visual de 20/200.

monet-vision-2-Marmor Nenúfares (1915) cuadro de Monet pintado con cataratas moderadas B La misma imagen borrosa ya que han aparecido a Monet a través de la catarata Nenúfares: Mañana con sauces llorones  (1915 1916) detalle de la parte izquierda del cuadro, pintado después de la operación de cataratas.

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Cuadros de Monet del puente japonés del estanque de Giverny pintados con una discapacidad visual más severa. A El puente japonés de Giverny (1918-1924) Esta versión se hizo con un predominio del naranja. Imagen vista por Monet a través de una catarata con esclerosis nuclear con una agudeza visual de 20/200. C El puente japonés de Giverny (1918-1924). Esta versión se hizo con un predominio de azul. D La imagen que se ve a través de una catarata con una incapacidad visual de 20/200. Se puede observar la constancia del color de B y D a pesar de las marcadas diferencias entre A y C.

Cuando se le pregunta al profesor Michael Marmor respecto a la  reacción de los críticos de arte a su tesis, éste responde “Muchos lo encuentran útil para entender mejor al artista, otros creen que los médicos no deberíamos meter las narices en lo que no nos incumbe”.

Marmor apoya su investigación en documentos históricos, sobre todo cartas en las que los artistas hablan de su visión pero no mencionan su intención consciente de evolucionar hacia el arte abstracto. Y huye de las especulaciones. ¿Puede que las figuras alargadas de El Greco se debiesen al astigmatismo? “Eso es un mito, no tiene fundamento ni histórico ni médico”, dice dando extensas explicaciones de ambos ámbitos. ¿Y que Van Gogh sufría una extraña afección que altera la percepción de los colores? “Otro bulo”, dice Marmor, “a Van Gogh, simplemente, le gustaba el amarillo”. Sobre esto último volveremos en un próximo post.

*Thiebault-Sisson F. Les Nymphéas de . La Revue de l’Art ancien et moderne. 1927; 52:41-52.

Post dedicado a Pedro

Fuentes: 1, 2, 3

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