Las Vegas-Barcelona: La basílica de la Sagrada Familia

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Estos días, la Fundación ha publicado un vídeo en internet con una simulación que muestra la finalización la basílica de la Sagrada Família en Barcelona, obra del arquitecto Antoni . En el vídeo se simulan las diferentes etapas hasta llegar al final de su construcción, prevista para el año 2026, 100 años después de la muerte del arquitecto.

El video de un minuto publicado en la Fundación Sagrada Familia combina imágenes tomadas desde un helicóptero del edificio actual con una animación realizada para mostrar lastorres, la cúpula central y otras estructuras restantes.

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La Fundación Sagrada Familia también ha publicado seis películas de un minuto que muestran animaciones 3D de los plazos de ejecución de cada fase, incluyendo la Sacristía en 2015 , La Torre de María en 2018 y la Torre de Jesús en 2020 .

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La basílica, una vez finalizada, tendrá 18 torres dedicadas a diferentes figuras religiosas, con alturas diferente para reflejar su jerarquía. En la ctualidad hay ocho torres terminadas.

La construcción del templo de la Sagrada Familia comenzó en el año 1882 y el arquitecto catalán Antoni Gaudí se hizo cargo de la dirección en 1914. La basílica completa se inaugurará en 2026, 144 años después de su inicio, coincidiendo con el centenario de la muerte de Gaudí en 1926.

La intelligentsia arquitectónica catalana crítica con la obra

Las obras de construcción de la Sagrada Familia han formado parte de una polémica que rodea el ámbito arquitectónico de la Ciudad Condal. Transcribo aquí algunas opiniones aparecidas a este respecto en una nota de Llatzer Moix en “La Vanguardia” en 2010:

“La retransmisión televisiva de la consagración de la Sagrada Família, presidida por Benedicto XVI, causó honda impresión entre los fieles católicos. Y, de paso, ha provocado un pequeño pero significativo seísmoentre la intelligentsia arquitectónica local, tradicionalmente crítica y recelosa ante la continuación de las obras del templo ideado por Gaudí. Un tercio de los veinte profesionales consultados por La Vanguardia han atemperado ahora sus opiniones adversas y, en algún caso, incluso se han retractado. El mayoritario resto sigue comulgando con los principios de la carta publicada el 9 de enero de 1965 en este diario, señalando que no había justificaciones sociales ni urbanísticas ni pastorales ni artísticas para proseguir la obra. Fue una carta firmada, entre otros, por Le Corbusier, Pevsner, Zevi, Moragas, Coderch, Bohigas, Rubió i Tudurí, Miró, Tàpies o Subirachs (quien a la vuelta de los años se convertiría en escultor del templo); una carta que tendría ecos en la ruidosa manifestación contraria a la continuación del templo de 1990. Para estos opinantes críticos (y para algún converso), la Sagrada Família de hoy, lejos de ser un punto de referencia del arte occidental, es quizás más espectacular, pero al tiempo menos gaudiniana. Por ello, su arquitectura merece epítetos nada amables, como horrorosa, anabolizada, siliconada, forzada, robótica, más propia de Calatrava que de Gaudí, desvirtuada, monstruosa y –peor aún– ajena al genio de su creador. Siguen las respuestas a la pregunta de esta encuesta.

De esa carta contraria  a la continuación de las obras y firmada por las “vacas sagradas” de la arquitectura inernacional, uno en concreto, se retractó públicamente, o se cayó del caballo como Pablo de Tarso camino de Damasco: el arquitecto Oscar Tusquets. Tusquets afirmaba en 2011 que “Ahora, tras la consagración papal del templo, me he replanteado la cuestión … La Sagrada Familia es el mejor edificio religioso de los últimos 3 siglos”.

La Sagrada Familia: un edificio de Las Vegas

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Féliz de Azúa comenta en una entrevista de Jotown:

La Sagrada Familia tal y como se ha reconstruido es sumamente interesante porque es un edificio de Las Vegas, como esos casinos que hacen imitando a Venecia, Egipto…. en Barcelona han hecho un edificio tipo Las Vegas que es como un Gaudí, falso de arriba abajo. Ridículo, hortera, que sólo interesa a los católicos y a los turistas que tienen que ocupar su tiempo en una ciudad en donde no se puede hacer nada. No tiene más interés que ese. En cierto sentido están mejor hechas las de Las Vegas, pero pertenece a este orden. El otro día Oscar Tusquets escribió un artículo diciendo que era una de sus edificaciones favoritas en este sentido, o sea, que es un espectáculo muy divertido.

Pero de todas las críticas sobre la continuación de la construcción de la basílica de la Sagrada Familia, la que más valoro es la de , arquitecto y profesor de historia del arte en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona. También es autor de diferentes libros sobre Gaudí, Dalí y Lecorbusier. Lahuerta interpreta de forma crítica la intervención que se está llevando a cabo en esta obra de Gaudí y la llega a calificar de “gigantesco bibelot*”, refiriéndose al negocio turístico que genera.

Lahuerta, estudioso de la obra del autor catalán, no está de acuerdo con el tópico sobre Gaudí de que une tradición e innovación:

“Yo justamente critico esta idea de que une tradición e innovación porque Gaudí esencialmente es tradicional, incluso en las formas que aparentemente son más revolucionarias. Está ligado a una tradición muy profunda, constructiva y social, porque sus clientes fueron las familias burguesas y más conservadoras de Barcelona y fue el arquitecto preferido de la Iglesia católica. De manera que es muy difícil imaginar que las novedades tengan algo de rompimiento con la tradición, sino justo lo contrario: una especie de restauración, de culminación de una tradición. Aunque los artistas y arquitectos actuales pueden interpretar otra cosa en las formas de Gaudí. … Gaudí era contrario al trabajo abstracto, al cálculo que haría un ingeniero, y partidario de un trabajo hecho casi con las manos, del experimento con la materia.”

  • La idea de no diseñar, sino de hacer:

“Él trabajaba con moldes de yeso; toda su escultura está sacada de las huellas de la naturaleza: de plantas, cuerpos humanos y animales. Las fotos de su estudio de la Sagrada Familia están llenas de yesos de vacas, niños, flores, trozos de árboles… El palmito de la verja de casa Vicens lo tomó del solar. Desde el punto de vista del arte moderno, esto es terrible. Es sacar la huella de la naturaleza, un ‘ars infamis’, porque no hay creación sino repetición, contacto. Pero para Gaudí es esencial. Los resultados son otra cosa, pero los métodos son tradicionales. Y tienen poco que ver con las formas de trabajar de las vanguardias.”

  • ¿Qué haría Gaudí con los medios técnicos actuales?

“Por desgracia eso es lo que están haciendo ahora en la Sagrada Familia, además de utilizar sistemas informáticos y materiales como el hormigón armado. Gaudí insistía a sus discípulos en que sus «formas torcidas» provienen de la estereotomía, la ciencia de cortar la piedra. Decía que el único material  digno de la arquitectura, y el único que se puede aplicar a un templo, es la piedra. De manera que acabarla en hormigón es un fraude. Se está haciendo trampa.”

  • ¿Se pierde ese algo orgánico al continuar las obras inacabadas?

“En la Sagrada Familia, sí, al construir con hormigón, que se aplaca con materiales más preciosos traídos de no sé qué países. En la parte que Gaudí construyó, la homogeneidad de estructura, forma y material es total. Ahora no: por un lado está la forma, se calcula su posibilidad de resistir a partir de programas complicadísimos y se construye con materiales adecuados a esa posibilidad tan compleja, pero ya estamos dividiendo el proceso en infinitas partes. Literalmente adosan la ornamentación, mientras, al ver la fachada del Nacimiento de Gaudí, uno piensa que podría escarbar en esas plantas y encontrar las raíces dentro de
la piedra. Lo que él quería es restaurar una forma de construir que el siglo XIX había idealizado, la de los grandes maestros de las catedrales, donde la construcción era una obra colectiva y los materiales, la forma y la estructura, un proceso que no se podía separar. Ahora ya ni se pretende hacer así; lo que se quierees acabar ese “bibelot” que se está construyendo allá y que ya nada tiene que ver con Gaudí.”

Refiriéndose a la Sagrada Familia, Frances Pujols escribió en La visió artística i religiosa d’En Gaudi (1927) que Cataluña “estaba destinada a sacrificar la religión católica dedicándole catedrales, la catedral más fundamentalmente artística del mundo“. Y añadía: “es el caso de los que criando cerdos para la matanza, les dan todo lo que pueden para engordarlos y pesen lo que han de pesar cuando llegué el día de sacrificarlos“. Según Juan José Lahuerta, la Sagrada Familia encarnaba para Pujols la explotación sin límites de la ciudad y era al mismo tiempo “metáfora de la puerta de una ciudad nueva, de la erupción volcánica de su energía, de las llamas que la consumen“.

La Sagrada Familia, con su arquitectura confusa, barroca y monstruosa, está en un proceso de permanente construcción, sometida, como la ciudad de Barcelona, a una revolución continua. (Juan José Lahuerta: La ciudad en llamas)

Fuentes: La Vanguardia, Tercer Milenio,  El Heraldo de Aragón, UNIA-Arte y Pensamiento

*Existe un libro exquisito del profesor Angel González García: “ROMA EN CUATRO PASOS seguido de ALGUNOS AVISOS URGENTES SOBRE DECORACIÓN DE INTERIORES Y COLECCIONISMO” donde su autor analiza el proceso de “bibelotización” de la experiencia artística, con lo que eso conlleva de pérdida de su regocijante carnalidad en favor de aquella abstracta, descarnada “sensación de tener” de la que hablaba Marx y que se ha ido agravando con la moderna manía de comprar y amontonar toda clase de baratijas artísticas.

 

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2 respuestas a Las Vegas-Barcelona: La basílica de la Sagrada Familia

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  2. violeta dijo:

    Interesantes las reflexiones críticas sobre la Basílica del Sagrado Dólar. Hay mucha tela que cortar en este tema, desde la perversión de la arquitectura como arte hasta el mismo papel del arte en el mundo actual. Me atrevo a aportar un retal: parte de la arquitectura de hoy expresa intensamente los cuatro pilares sobre los que se apoya la vida del hombre moderno (perdón, ¿dije “moderno”?) : la frivolidad, el egocentrismo, la codicia y el miedo.
    Frivolidad: se olvida el papel humanista de los edificios, donde deben crecer las personas y formarse las sociedades; Egocentrismo: el arquitecto es la noticia, la estrella, la marca, dejando a un lado el valor real de lo que hace y negando la visión crítica; Codicia: lo fundamental en muchos planteamientos es sacar dinero de las piedras, nunca mejor dicho; Miedo: esos condominios cerrados con verjas carcelarias y dispositivos electrónicos obsesionados con la seguridad donde los vecinos se aíslan del mundo exterior; esa forma de vida con pradera y piscina privadas que destruye las viejas ideas de “barrio” o comunidad” -ahora las comunidades son de propietarios, no de personas-.

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