Rickie Lee Jones. “She´s the cat”

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Hay voces rasposas y ásperas, voces que parecen tener una bebida de fuego en la garganta, voces de tequila y aguardiente como las de Marianne Faithfull,Tom Waits, Patty Smith…), y otras que maullan. Maullar implica sutileza, nocturnidad, evanescencia. Un maullido puede llega a rozar la piel en las baladas, o a arañar en las notas altas. Muy pocos cantantes saben maullar, y la reina indiscutible es . Para maullar  hace falta escapar, ser gata, saltar y despeñarse, caer sobre las cuatro patas. Rickie sabe algo de ello.  Con menos de veinte años abandonó el hogar para huir de una situación familiar complicada. Tuvo suerte: cayó sobre las cuatro patas. Nosotros tuvimos suerte: la gata creció.

Sabemos que el arte ya estaba presente en sus genes: su padre fue guitarrista y su abuelo paterno  actor de comedia. Regentaba un espectáculo llamado “Peg Leg Jones“.  El aspecto y la pose bohemia le vienen de raza. La visión felina y el aroma de su trabajo, ecléctico y  arrebatadoramente jazzy, responden a sus vivencias.  “Cuando todavía era casi una niña, en las emisoras de radio se podía escuchar de todo. Eso ha hecho que la gente de mi generación tenga una mirada amplia sobre la música“. La joven Jones creció escuchando música variada y diferentes en lo que en aquellos tiempos era la radio comercial. Las comparaciones no son odiosas: son, más bien, necesarias para comprender la mugre circundante actual. Rickie pertenece a ese glorioso grupo de músicos que han crecido en un ambiente ávido y nutrido, en aquel magma sesentero que tenía ambiciones creativas, vitales e imaginativas. La vanidad y el dinero llegaron más tarde.

Pero ahora, volvamos a ronronear.

La gata canta

 rickie_lee_jones_Girl_at_her_volcano

En el disco “Rickie Lee Jones“- 1983, tercero en su carrera- Rickie hace una demostración de cómo una voz humana puede llegar a maullar…. y que eso que escuchamos lo percibamos como música. Crema, un destilado de mundos sutiles y agudos que suenan para acariciarte y sólo acariciarte mientras te acurrucas mirando a ningún sitio sin esperar nada. El maullido te absorbe y ya está. ¿Dónde tendría nuestra chica la cabeza para cantarnos desde un volcan?. “Girl at…” es una mimada creación en 10 pulgadas- se decía EP………¿hay alguien ahí..?- , portada oscura en la que una figura femenina contempla de espaldas una reja y donde aparecen varios temas en directo. Es el primer disco en el que Jones manifiesta un deseo siempre manifiesto: la de ser una “cover artist” ocasional. Impresionante en este caso la versión luminosa y oscura (si, ambos adjetivos a la vez : hay que oirlo) de “Lush Life“, una tórrida y añeja balada también plasmada por John Coltrane, Chet Baker y algún otro-a grande del jazz (originalmente es un estándar de jazz de Billy Strayhorn). Pero, insisto, ¿en qué estaría pensando Rickie para hacer un  disco así, algo como para guardar en la cajita dorada de los objetos íntimos, esa que casi nunca abrimos para los demás… Hay una respuesta fácil: era libre, necesitaba expresarse, se expresó como le dio la gana. Es cierto, pero merece la pena indagar.

Ya sé lo que pasa/Chuck E. está enamorado/de la chica que canta esta canción“.  “Chuck E,s in love” quizá sea la canción más conocida de R.L.J.. Fue el hit de su primer trabajo (“Rickie Lee Jones“, 1979), y la puso a la puerta de admisión del selecto club fundado por Carol King tiempo atrás y al que ya habían accedido con honores y fanfarrias Janis Ian, Carly Simon y otras. Para ser admitida hacía falta tener una voz estupendísima, fabricarte tus canciones y venderlas en los cinco continentes. El club se llamaba “Cantautoras yankys por el mundo”. De esa época inicial de Rickie conservamos su imagen más conocida: esa rubia de rasgos afilados, media sonrisa y gesto levemente arisco, con un purito humeando en la boca y tocada con estilosa boina. La boina, hay que decirlo, habitaba sobre el esplendor de una cabellera de las que a algunos hombres nos produce locura, deseo y sinrazón, y el conjunto nos sitúa frente a una mujer dotada con el fascinante aspecto de una mujer libre, guapa y bohemia. Por esa época la vida sentimental de Rickie andaba en brazos de un tipo con aspecto patibulario llamado Tom Waits. El idilio- corto- llamó mucho la atención, y lo ha seguido haciendo, a causa de la peculiaridad personal que los definía como artistas, cada uno en su estilo y muy alejados de lo convencional: ella barnizando sus poesías con sonidos diamantinos, y él imaginando un arrabalero cóctel a base de blues , “pesadilla americana” y bourbon; (la locura dodecafónica vino después). Segundo disco: “Pirates“, 1981; Lee se confirma como una posible estrella pero, sobre todo, deja claro que es una artista imperial. Lo atestiguan la calidad tan especial de su música, la elegante imagen que sigue cultivando y el contenido de sus textos: poesía y conocimiento de la vida a partes a veces desiguales.” Una vez Johnny El Rey hizo un anillo con un gargajo /y todoslo chicos vagabundos vieron a un hombre muy orgulloso / y él lo enrosca en su dedo / y ella se tumba como un bebé en su mano / y sube al tejado del puerto /mirando las aguas que separan la ciudad. (We belong together).

rickie-lee-jones-Chuck-E.s-In Love

La extraña pareja

¿Hasta qué punto influyó el fin del la relación con Waits en la carrera de Jones? Llama la atención  que tras aquel episodio Rickie pareció renunciar a ser rica y famosa haciendo un disco como “Girl at her volcano“, espléndido pero sin ambición comercial. Mi opinión es que se limitó a expresar lo que tenía dentro y lo hizo a su manera: es una artista de verdad y lo que le importa es serlo siempre; ella dirige su trabajo, elige las opciones y nunca se vende al mero afán productor. Suficiente para ganarse la vida -y muy bien – sin necesidad de fabricar plástico para los hipermercados de la pseudomúsica. Gracias, Rickie. La fantasía emotiva y mitómana de algunos ha convertido una historia de amor entre dos seres peculiares en algo demasiado largo: a ella no le originó problemas porque se lo tomó con deportividad, pero él parece más afectado por el asunto. Desde que está felizmente casado incluye una condición para ser entrevistado: ni una pregunta sobre Rickie Lee Jones. Seguramente será hartazgo. “Volaremos muy alto, donde sopla el viento en el sol, riendo, divirtiéndonos con la gente que ella conoce. Y si la situación debiera separarnos, sabes que el mundo no se derrumbará y dejarás libre al hermoso pájaro que está preso en tu corazón“. (The horses).  Ambos llegaron a colaborar artísticamente. En el album “Blue Valentine“, de Tom, aparecen fotos de Rickie; y ella  hizo una versión de un tema de él, “Rainbow Sleeves“, publicada en “The girl at the vulcano“. Cuando Coppola imaginó aquella maravilla llamada “One from the hearth“, contaba con ambos para la parte musical pero Jones se rajó. Waits no, con lo cual nos quedamos con una maravilla y la sospecha de que la maravilla podía haber sido más grande. Ahora todo eso da igual. Rickie Lee Jones, con su afinada escritura para retratar emociones y el elegante gusto ecléctico que define su música, lleva muchos años haciendo feliz a una gran tribu de melancólicos impenitentes. “A algunos chicos les gusta ver dibujos animados los sábados /A algunas chicas escuchar discos todos el día en sus cuartos /pero, ¿qué es lo que dejan los pájaros detrás de las ala con las que llegaron / si un hijo está en un árbol haciendo aviones en miniatura?…Esqueletos… Esqueletos (Skeletons).

La vida a saltos

Posteriormente llegaron muchos discos, y muchas historias contadas. Ahora mismo, Rickie estará mirando a su alrededor, o quién sabe si dentro de sí, para imaginar una canción. Su recorrido profesional nunca ha sido regular: pone algo en el mercado cuando lo tiene hecho. Y lo tiene hecho cuando le da la real gana. Para eso es una gata. Sus creaciones son siempre como mínimo excelentes; a veces mágicas y jamás vulgares. Sus palabras hablan de pájaros, ángulos, frutas y atardeceres. Personas, árboles, carreteras. Artilugios semánticos que permiten elaborar tristes metáforas que intentan dar luz a la vida con tintineantes sonidos. Susurro, hoja que cae, alguien que se fue ayer. Amor. “Ahora los pájaros hablan con ritmos secretos / y los árboles se descortezan con sonidos secretos / y la gente corre con pensamientos secretos / y empujan a los pensamientos en forma de palabras“. (Now the birds speak in secret rhythms, poema). Su variado y culto  gusto por la música le ha llevado a tocar todos los palos, aunque es en lo más cercano al Jazz o al Blues donde su talento se expresa mejor. Ella es inimitable y resulta imposible encasillarla: es un  género en si misma. Encaja en la dinastía de los grandes músicos norteamericanos de la segunda mitad del siglo XX, exhibiendo como aval la lista de gente de primerísima fila que ha trabajado con ella: Russ Titelman y Lenny Waronker (productores), Doctor John, Randy Newman, Michael McDonald, Lowell George(Little Feat), Tom Waits, Walter Becker (si, el productorde Steely Dan), su guitarrista de cabezera Sal Bernardi, o algún aristócrata del pentagrama  como Brian Setzer. Su querencia a versionear cosas de otros ha dejado varias perlas interesantes. Hay muchas, pero nombraré sólo dos para añadir a la antes aludida. Se trata del “Rebel Rebel”,  de David Bowie, en el disco “Traffic from paradise“, 1993, y  “Simpathy for the devil“, de “ELLOS” , publicada en un plástico reciente. Son dos joyas minimalistas que sólo podrás apreciar si posees un fino paladar.

Por lo visto Rickie se dedica ahora a fomentar su estabilidad emocional y ocuparse más que  nunca de su gente. Ya no habla tanto de fronteras y huidas como de afectos que están ahí para quedarse. Afortunadamente para ella, la vida le debe haber llevado a un lugar en el que puede dedicarse a querer a los suyos. De vez en cuando se acuerda de aquellos irresponsables que nos seguimos asomando a la ventana cada noche y nos regala un disco. Gracias, otra vez, preciosa. Sólo has de darme oportunidades / te veré enseguida / sólo has de darme tiempo para aprender a gatear. (Stewart’ s Coat).

 

Rickie-Lee-Jones-Pirates

 

Algo emotivo y personal para terminar

Hace muchos años, tantos como que no existía el euro, tuve que  gastarme diez mil pelas para que un taxista al que acababa de sacar de su lecho vía telefónica (cabina, claro) me llevara a Madrid desde Majadahonda. El plan B era buscar un cobijo en los pinos hasta que saliera el primer tren. Se deduce que yo, por aquel entonces, aún era un capullo irresponsable y sin coche que se había plantado en un lugar a treinta km. de casa sin  pensar en cómo volver. Y estaba solo. Pero cuando me sentí a salvo y seguro de llegar a mi alcoba antes del alba, recordé el motivo verdadero que había provocado tal situación y entonces se me pasó el apuro y el mosqueo por las diez mil pelas. Fui al festival del Jazz de Majadahonda a ver y escuchar a Rickie Lee Jones. Estuve casi en primera fila y pude emborracharme con sus gestos y su melena, contemplé de cerca los dibujos que sus brazos dejaron en el aire cuando se sentó al piano y, sobre todo, mis oídos tuvieron la dicha de ser acariciados por algo que a ratos parecía sobrenatural. Pero no era sobrenatural. Era Ella. Cuando le di el pastón al taxista me sentí el capullo más feliz del planeta.

Arturo Fernández Calvín

Para saber algo más sobre esta criatura: Wikipedia

Página Web oficial de Rickie Lee Jones: aquí podéis ver un vídeo de sus ultimas actuaciones.

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