Una reflexión sobre lo grotesco

Una reflexión sobre lo grotesco

Este verano hemos asistido al culebrón artístico protagonizado por un Ecce Homo de un siglo de antigüedad y escaso valor artístico, que hace unas semanas sufrió una peculiar restauración por parte de una vecina de la localidad zaragozana de Borja. La artífice del estropicio es Cecilia Giménez, una mujer octogenaria que actuó de forma espontánea.  Ella ha argumentado en entrevistas con medios españoles que el cura de la iglesia estaba al tanto de lo que ella hacía, y que el escándalo se armó antes de que terminara su restauración. La pintura era obra del artista Elías García Martínez y fue realizada a principios del siglo XIX. La pintura, a pesar de ser una obra descatalogada, no es de gran importancia, y tampoco forma parte de ningún conjunto pictórico ni retablo, tanto es así que nadie se daba cuenta de ella sino hasta ahora, después del trabajo de “restauración” de doña Cecilia Giménez. La prensa diaria, las agencias de noticias y las redes sociales, de manera viral reprodujeron la noticia del Ecce Homo y generando una repercusión mundial. El resultado de la intervención se convertió inmediatamente en objeto de parodia, carne de fotomontaje.

Ecce-homo-Borja

A los pocos días el Ayuntamiento de Borja decidió registrar la marca “Ecce Homo “en todas sus variantes”, para evitar que se haga un uso “indecoroso, indebido o grotesco” de la pintura mural que se ha hecho famosa por la restauración perpetrada por la pintora aficionada Cecilia Giménez.

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