El Atelier del artista / Escultura

Auguste Rodin, atelier 1905

Auguste Rodin, en su 1905

El espacio de trabajo del creador se denomina “estudio”, término derivado del latín “studium” y del italiano “studio“, que en francés es “atelier” de donde proviene la otra extendida denominación: “taller“, con la que se describe el espacio de producción de cualquier oficio artístico. El atelier del artista es el lugar de trabajo, y ocasionalmente, el alojamiento del artista. Desde el siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, era un lugar cultural importante donde se desarrollaba una conviviencia no sólo en el dominio de las artes sino en el de la literatura y la creatividad.

Con la llegada del Art Nouveau, que precisaba captar la luz, la cultura del atelier continúa prosperando, pero se debilita tras la Primera Guerra Mundial, en beneficio de la pintura “au plein air” debido al desarrollo de las pinturas en tubo.

Francia es el lugar de origen de la palabra atelier. El diccionario francés la define como el local en el que se realiza un trabajo manual o artesanal. Su significado en el mundo de las Bellas Artes o en la Historia del Arte se hace más genérica y designa el lugar en el que trabaja un artista, y que por extensión también define al conjunto de alumnos bajo la dirección de un maestro.

Atelier se traduce en español como taller. El diccionario de la Real Academia recoge casi literalmente la acepción francesa original. Sin embargo no dice gran cosa sobre las diferencias entre un estudio y un taller. Sólo que el uno se destina a “trabajos intelectuales” y el otro a “trabajos manuales” El diccionario María Moliner hace más patente esa diferencia cuando aplica ejemplos al respeto: Estudio: “la habitación de una casa” y pone como ej. el estudio de un pintor; y respecto al Taller pone como ej. un Taller de escultura. Perfecto, porque en nuestra situación podría poner un taller de reparaciones o un taller de maquinaria herrramienta, que es la acepción más típica en la región donde resido.

Atelier_Henri_Laurens

Atelier de Henri Laurens

Los historiadores del Arte nos muestran que a lo largo de los siglos XIX y XX se van extendiendo un paisaje de talleres en el contexto de las vanguardias históricas. La representación del mundo que demandan los artistas no se basa en ensoñaciones románticas, sino en la experimentación con la materia prima. Ponerse manos a la obra es su lema. Ahí es donde se cocina el arte moderno, utilizando un símil gastronómico, en ese entorno observan la fermentación de las representaciones del mundo, incesantemente cambiantes, siendo el artista capaz de destilar auténticos tesoros de la basura. Es esta una etapa titánica que desembocará tras la Segunda Guerra Mundial y gracias al aumento del prestigio de la técnica y a las nuevas tareas emprendidas por los artistas norteamericanos, en grandes cambios sobre los atributos de las obras: escala, seriación, uso de materiales y procedimientos industriales…

BRASSAÏ BRETON, André, « Picasso dans son élément  L’atelier de sculpture , Minotaure n 1, Paris 3b

Atelier de Picasso,Château de Boisgeloup (fotografía de Brassai), Francia
BRASSAÏ -BRETON, André, « Picasso dans son élément L’atelier de sculpture , Minotaure n 1, Paris 3b

Sin embargo y a pesar de esa industrialización acaecida en la era de la técnica, el Taller nunca deja de estar encantado, encantado por la técnica, habitado por los espíritus titánicos que allí ejercen sus poderes soberanos, en palabras de Jünger. En la edad de la Técnica, ¿qué podría ser el mundo sino un taller, y que a su vez el taller de un escultor sino un mundo en pequeño, un microcosmos?

BRASSAÏ, L'atelier_de_Boisgeloup_sculptures_1932_©RMN

Atelier de Picasso en Boisgeloup, 1932 Fotografía de BRASSAÏ ©RMN

Fueron los surrealistas quienes se sintieron atraídos por los talleres de escultura. “Picasso en su elemento” era el título del ensayo de Breton que apareció en el primer número de la revista Minotaure, acompañado por una serie de fotografías tomadas por Brassai de los estudios del artista. En el número tres de la revista publicaron fotografías de otros seis talleres: los de Brancusi, Despiau, Giacometti, Laurens, Lipchitz y Maillol, con un ensayo de Maurice Raynal titulado “Dios-Mesa-Cubeta”. El apologético ensayo Raynal manifiesta una defensa de la violencia creadora con palabras de este tipo:”…los sublimes, casi volcánicos esfuerzos que la obra hace al surgir del mundo de la imaginación creadora a una temperatura a una temperatura altísima…”. Bajo estas palabras se manifiesta una concepción de la creación artística muy romática. Palabras tan del gusto romántico como volcánico, febril, sublime… no dejan de ser una descripción trivial o incluso un poco cursi.

Atelier-Aristide-Maillol. Marly-le-Roi-1936-por-Brassaï

Atelier de Aristide Maillol. Marly-le-Roi 1936 por Brassaï

En las fotografías de la mayoría de los talleres publicadas por Minotaure no existen indicios de violencia creadora. Al contrario, en ellos reina la calma, un orden riguroso que invita al sueño. Al ver el taller de Brancusi produce una sensación de que las obras no son obra suya y él sólo es su guardián, el encargado de conservarlo todo en orden. “Guardián de un orden sin nombre ni rostro, sin principio ni fin” como dice Georges Dulthuit.

Constantin-Brancusi-en-su-Atelier

Brancusi en su taller

En el taller existía una sensación de intemporalidad. Allí regía otra clase de tiempo; mucho más lento, y casi tan largo como el tiempo geológico. Sus obras parecían haberse hecho por sí solas, sin su auxilio, y él sólo hubiera sido su guardián, su intermediario mortal.

En 1948, Alberto Giacometti, que desde 1927 había estado viviendo estrechamente en la misma habitación donde trabajaba, decidió alquilar la de al lado como vivienda y dejar la primera como taller. No es que Giacometti estuviera harto de vivir en un lugar sucio y desordenado, sino que tuvo que buscar una habitación suplementaria cuando la que había ocupado durante años dejó de ser un estudio para convertirse en un taller…. En cuanto Alberto se lió con Annette, su antiguo estudio se convirtió en un taller ruidoso, sucio y desordenado. Tal vez esto haya sido casual; pero en modo alguno debió serlo el estado en que se encontraba el taller en 1932, coincidiendo con el “trabajo mental” al que Giacometti se aplicaba en esos años de complicidad con los surrealistas, y al que adoptó cuando se puso a trabajar con sus manos, un día tras otro, con una insistencia que le ha hecho famosa y ejemplar. De éste último estado – diríamos que en estado de fermentación – las fotografías de Scheidegger son un testimonio tan elocuente.  Los escombros por los rincones; el yeso caliente trepando por los pantalones de Alberto. Olvidad por un momento esa bobada de que sus esculturas estaban hechas de la misma pasta que él … Mirad cómo hierve todo en ese lodazal; cómo fermenta y se transforma, casi del mismo modo que la leche en queso y el mosto en vino. ¡Fermentación…! La palabra conviene perfectamente a la representación que nos hacemos, no sólo del mundo, incesantemente en cambio, efervescente, sino también de los poderes del artista, capaz de destilar tesoros de la basura. Con que al ver la que se va acumulando en el taller de Giacometti y parece estar a punto de engullirlo, nos decimos: ¡Aquí se está cociendo algo!

Alberto-Giacometti-working-on-the-L-’homme-qui marche-Ernst-Scheidegger

Giacometti trabajando en su Atelier de la rue Hippolyte Maindron, 14e Fotografía: Ernst Scheidegger

La megalomanía de Warhol le llevó a llamar a su taller The Factory, fábrica de chucherías en serie, fábrica de sueños, un Hollywood en miniatura. El título de factoría no era, sin embargo, tan absurdo, puesto que Warhol se había propuesto fabricar y difundir masivamente sus ensoñaciones, mecanizarlas; así que verdaderamente aquello era una “”fábrica de sueños” no mucho más modesta que Hollywood, aunque allí, paradójicamente aún sigan hablando de “estudios”.  Hay algo inquietante, casi monstruoso en esa presunción de que los sueños puedan fabricarse y venderse. En realidad, es una abominación que padecemos satisfechos cada vez que vamos al cine o encendemos la televisión, lo que viene a ser lo mismo, digan lo que digan los cinéfilos.

The Factory Andy Warhol

The Factory Andy Warhol

Sin embargo la industria de los sueños y ensoñaciones la acaparó Breton y el Surrealismo. En 1991 se realizó la exposición André Breton: la beauté convulse en el Centro Georges Pompidou de París. Lo que allí se exponía no era otra cosa que las mercancías de la descomunal y abrumadora industria de los sueños y ensoñaciones, no sé si de pesadillas y delirios, que puso en marcha la acreditada firma “Surrealismo y Cía”. Y allí estaba André Breton en lo que entonces era su taller; no era su despacho o estudio, como le convendría a un escritor, sino su taller, Atelier Breton”. Agnes de Beaville le dedicó un largo ensayo con el imponente título Le Grand Atelier. En cuanto al sentido de tan inesperada denominación, creo que se sencillamente se desprende de lo que esa palabra, taller, evoca de inmediato en cualquiera de nosotros: un lugar donde se hacen cosas con las manos, como  ocurre en un taller de escultura. Contrariamente a lo que podría esperarse de un surrealista, Breton no se dedicaba ahí a soñar, sino a fabricar cosas. En ellas radica la fuerza del surrealismo: una especie de fuerza mágica que los surrealistas descubrieron por doquier, haciendo de cada cosa un amuleto, un talismán, objetos convencionalmente “mágicos” que enmarcan y contaminan todo lo demás. La labor de Breton era “transformar el mundo… cambiar la vida …” Su fuente eran las cosas, toda clase de cosas. Producía auténticos muestrarios comerciales de la firma “Surrealismo y Cía”, heterogéneas mercancías basadas en la ecuación del objeto encontrado, que fue el procedimiento de invención o apropiación de las cosas. Agnes de la Beaumelle se queda corta al calificarlo de <<verdadera fábrica del surrealismo>>. Lo que ahí se fabrica, o se está haciendo incesantemente, es nada menos que … ¡el mundo!.

Andre-Breton-42-Rue-Fontaine-atelier

Atelier Breton 42 Rue Fontaine

Cualquier taller es un lugar donde las manos actúan, se afanan noche y día: la casa de las manos…  Una casa es un buen taller; y lo es sobre todo la cocina, centro a anillo de todas sus energías, su foco principal. En ningún otro lugar de la casa las manos se sientan más a gusto, más incitadas a hacer y volver hacer. Por otra parte, en ningún otro lugar de la casa encontraréis tantos artefactos, así como el fuego que eventualmente necesita el artista para animarlos. Para Angel González, la cocina de Calder es uno de sus talleres de escultura favoritos. Su cocina de Roxbury, por ejemplo. Los que no frecuentan las cocinas suelen extrañarse de la gran cantidad de utensilios que los demás consideramos imprescindibles. Claro que ¿quién podría extrañarse de que en la de Calder hubiera diez o doce tostadores de pan? Seguramente no podía tener las manos quietas… Están por todas partes, aunque sin hacerse notar demasiado; escondidas en el hilo metálico que retuercen o en la hojalata que doblan. Pero no le demos más vueltas. Esas manos eran su taller… El lugar y la herramienta al mismo tiempo. No obstante, viendo estas fotografías, ¿no diríamos que el taller de Calder estaba en su boca?

Alexander-Calder-Kitchen

Cocina de Alexander Calder

Alexander_Calder_casa_2

Casa de Alexander Calder

Calder-in-his-New-York-City-storefront-studio-winter-1936

En próximos post veremos con mayor detenimiento algunos de los talleres de escultores como Giacometti, Picasso o Calder.

Fuentes: Angel González García: Pintar sin tener ni idea y otros ensayos, La zanja luminosa pgs, 27-51

Frédéric Gaussen: Le guide des peintre á Paris

L’atelier d’Alberto Giacometti, editions du centre Pompidou

Guerrero, Pedro E. : Calder at Home.The Joyous Environment of Alexander Calder

Esta entrada fue publicada en Arte, Escultura y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a El Atelier del artista / Escultura

  1. Pingback: Ainda sobre o processo criativo, link para 1 blog que fala do tema | artificio / Laura Nehr

  2. ADRIANO CRUZ GUERRERO dijo:

    fuera para mi. muy bacano vincularse con un proyecto escultórico con un artista europeo creo que ampliara mis conocimientos , además que aportaría, porque me considero bueno. muchas gracias

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*