Marina y Pablito Picasso / los demonios del apellido Picasso

Si ha vendido más obras de su abuelo que ningún otro de los demás herederos, ha sido por la mejor de las razones posibles. Tiene varios centenares de hijos a los que mantener, y tiene que perpetuar el recuerdo de su queridísimo hermano mayor, Pablito que se suicidó en 1973. El relato de estos sucesos es a la vez perturbador y alentador.

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Marina Picasso en su casa Le Californie de Cannes

Marina y Pablito eran hijos del único hijo legítimo que tuvo Picasso, Paulo, y de la primera esposa de éste, Émilienne Lotte. Tal como relata en su conmovedor libro Les enfants du bout du monde, Marina y Pablito tuvieron una infancia de pesadilla a manos de sus muy irresponsables padres: una madre violenta y vengativa, y un padre sin duda amable de trato, pero irremediablemente dañado por el infierno conyugal en que vivieron sus propios padres.

Paulo vivió sobreprotegido por su madre, una rusa neurótica y antigua bailarina de ballet a la que terminó por aborrecer y que fue rechazada en repetidas ocasiones por el padre todopoderoso que tanto resentimiento provocaba en su hijo, quien sin embargo lo adoraba. De joven, aspiró a ser corredor ciclista o de motocicletas, pero terminó convertido en un alcohólico, chofer de <<le père>>, como llamaba siempre a Picasso. <<Le père>> nunca tuvo paciencia con el alcoholismo de Paulo, y menos aún con su insistencia de casarse con la inapropiada, inestable Émilienne. Cuando su matrimonio resultó ser un desastre de proporciones mucho mayores que las predichas por todos –se fue al triste en menos de tres años-, Émilienne y sus hijos recibieron un mínimo apoyo pecuniario. Todo lo que pagó Picasso fue la educación de Marina y de Pablito en un colegio privado, que estaba lamentablemente  muy lejos de dónde residían. Marina dice que más hubiera valido que ese dinero se gastara en alimentos. Como los dos ostentaban el apellido Picasso, nadie creía que estuvieran sin blanca ¿Por qué estaban en la ruina? Su padre sentía demasiado terror del suyo para suplicarle nada. Cuando Pablito y Marina doce y trece años, la historia de la familia volvía a repetirse. Tal como Paulo había caído en desgracia por el mero hecho de ser hijo de la aborrecida Olga, y tal como sus hermanastros Claude y Paloma sufrieron un parecido sino por el mero hecho de ser los hijos de Françoise Gilot, Marina y Pablito iban a tener que expiar las deficiencias de su madre. Como su tío Claude y su tía Paloma, serían de por vida proscritos y se les prohibiría estar siquiera en presencia del abuelo. Marina tiene a la segunda esposa del artista, Jacqueline, por responsable, de este decreto inapelable.

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Olga Khoklova Picasso y-Paulo-Picasso, 1923

En 1955 murió Olga Picasso. El artista se había separado de ella, pero nunca llegó a divorciarse. A tenor de la ley francesa, su único hijo, Paulo, era quien tenía derecho a la mitad de los bienes de su marido. Sin embargo, por miedo a molestar a su padre nunca hizo valer sus derechos, de modo que la penosa situación de sus hijos seguía agravándose. En 1962 Paulo volvería a casarse, esta vez con la encantadora y atractiva Christine Pauplin, quien ya había dado a luz a un hijo de ambos, Bernard. La manifiesta preferencia de Picasso por Christine y su hijo supuso que Pablito, a los trece años, y Marina, a los doce, gozaran de menos acceso que nunca a su abuelo. Pablito, que era sumamente sensible, se tomó muy a pecho esta desatención rayana en el abandono. A medida que fue creciendo se volvió taciturno; rehuía de sus amigos, desaparecía por espacio de varios días seguidos. Desesperado por el sostenido rechazo de Picasso, quiso llamar la atención sobre su precaria situación emocional pasando la noche en un saco de dormir frente a Notre Dame de Vie, la casa del artista en Mougins.

«Para dibujar una paloma, primero hay que retorcerle el pescuezo» Pablo Picasso

En una ocasión posterior, en agosto de 1972, Pablito entró en la casa de Notre Dame de Vie portando una pancarta en a que afirmaba su intención de permanecer allí hasta que su abuelo accediera a recibirlo. Parece ser que Jacqueline le echó a los perros y llamó a la policía, que además tiró su motocicleta a una acequia. Cuando se le preguntó a Jacqueline por qué no había permitido la entrada de Pablito en la casa, su respuesta fue que estaba <<loco>>, y que ella no podía permitir que una persona tan perturbada distrajera a Picasso en su obra. Entretanto, la hermana de Pablito, Marina, también había sido objeto de un rechazo. Tenía la aspiración de ser médico y había solicitado, por medio de los abogados de Jacqueline, los fondos que le permitieran asistir a la facultad de medicina. Era inevitable que su pretensión fuera rechazada, lo cual sólo hizo aumentar la pesadumbre de su hermano. En vez de estudiar medicina, Marina decidió dedicarse a cuidar niños discapacitados, decisión que iba a cambiar el curso de su vida.

El día siguiente a la muerte de Picasso (el 9 de abril de 1973). Pablito volvió a Notre Dame de Vie con la esperanza de rendir sus últimos respetos a su abuelo. Una vez más fue rechazada su presencia en la casa. Más desgarrador fue que su padre, ya el cabeza de familia, se plegara a la insistencia de Jacqueline en que ni Marina ni ningún otro de los hijos ni nietos del artista asistieran a su funeral, que iba a celebrarse en otra de sus propiedades, el Château de Vauvenarges. Se vieron obligados a contemplar la ceremonia desde un punto de vista muy lejano. Estos rechazos repetidos terminaron por quebrar el ánimo que pudiera quedarle a Pablito. Al día siguiente del funeral, se tragó una botella de lejía que le quemó el tracto digestivo. Marina relata que encontró a su hermano, víctima de masiva hemorragia estomacal, tirado en el suelo de la cocina. Tardó tres agónicos meses en morir. Su padre, que estaba muy delicado de salud, nunca fue a verlo, ni aportó ninguna ayuda financiera. El único integrante del entorno de Picasso que movió un dedo por Pablito fue la antigua amante del artista, Marie-Thérèse Walter, que se había apiadado de Èmilienne. Aunque Marie-Thérèse tenía unos medios limitados, vendió alguno de los dibujos que Picasso le había regalado con la esperanza de salvar a Pablito, pero ya era tarde. Marina sostiene que el féretro lo pagaron los padres de un compañero de colegio de Pablito. Su hermanastro Bernard aseguró que su padre corrió con los gastos. El resentimiento de Marina fue tanto que nunca más volvió a ver a su padre. Murió de un cáncer hepático dos años después; demasiado pronto para sacar partido de su prodigiosa herencia.

Pablito Picasso en su lecho de muerte juento a su hermana Marina

Pablito Picasso en su lecho de muerte juento a su hermana Marina

La muerte de Paulo supuso el que Marina pasara a ser una de los seis herederos del legado de Picasso. Como no había recibido ni un franco, su tío Claude, que había asumido el control de los asuntos familiares, pagó su desplazamiento a parís para que pudiera asistir a las reuniones con los abogados. El legado de Picasso no quedó zanjado hasta siete años más tarde. En 1990, Marina y Bernard terminaron por compartir cinco octavas partes de lo que restaba después de que el Estado francés tomase su parte, para el futuro Museo  Picasso, en lugar de los impuestos de sucesión, y luego de que Jacqueline de quedara con la cuarta parte en calidad de viuda. Como eran los hijos legítimos del único hijo legítimo de Picasso, la parte de Marina y de Bernard fue más del doble que la otorgada a los tres hijos ilegítimos, Claude, Paloma y Maya. Que sólo podían recibirla tras dar los pasos debidos para que se reconocieran legalmente sus derechos.

Marina-Picasso-

Marina picasso en su casa en ville Californie de Cannes

Antes de que se dirimiera el reparto del legado, cada uno de los beneficiarios tuvo permiso para elegir obras específicas de valor personal o sentimental. Asimismo, Marina conquistó el derecho de tener ulterior control sobre la selección. La ingente acumulación de cuadros, dibujos, esculturas, grabados y cerámicas de Picasso se dividió entonces en infinidad de <<lotes>> individuales, que eran de tamaño distinto pero de valor muy semejante, y que los herederos se echaron a suertes. Al darse cuenta de lo poco que sabía acerca de la obra de su abuelo, Marina tuvo la sensatez de buscar asesoría profesional. Jan Krugier, el marchante de Ginebra que había ayudado a Marie-Thérèse Walter cuando quiso acudir en ayuda de Pablito, era el hombre indicado. Krugier no sólo planeó con brillantez la selección de Marina: ha seguido siendo su agente y ha dispuesto que gran parte de su inmensa y variada colección viaje por el mundo entero. Como dice Marina, <<a pesar del resentimiento que sentía hacia mi abuelo, esto se lo debo a su memoria>>. Para los estudiantes de arte moderno de ciudades en las que jamás de ha expuesto una retrospectiva de Picasso, estas exposiciones ambulantes han sido toda una revelación.

A Marina le ha costado muchos años -<<años de oscuridad>>, dice ella – exorcizar el dolor que le causó el suicidio de Pablito. Al principio ni siquiera era capaz de ver los tesoros que había heredado. No colgó uno solo en las paredes de su casa. Todo siguió almacenado en París. Tras marcharse a Suiza para escapar de la relación abusiva que tenía con el padre de sus hijos, Marina se sometió a un prolongado análisis y logró dar de nuevo sentido a su vida. Aceptó al final su herencia y la tomó como una fuerza para hacer el bien, no como una <<carga>>. También quiso adoptar un hijo, aunque sus esfuerzos en este sentido no tuvieron éxito. Tras fracasar en su intento de adopción de una niña tailandesa, se dirigió a un orfanato de Ho Chi Minh City, en Vietnam.

Tras la guerra, el orfanato estaba superpoblado, carecía de fondos propios, estaba muy deteriorado. La desnutrición estaba al orden del día. Marina se conmovió tanto por la penosa situación de aquellos niños que decidió pasar a la acción. Había encontrado una causa digna del recuerdo de Pablito. Los funcionarios vietnamitas se mostraron dispuestos a colaborar con su proyecto. En menos de tres meses Marina firmó los protocolos y cerró los acuerdos necesarios poco más de un año después, en junio de 1991, pudo inaugurar Le Village de la Jeneusse de Thuc Duc, una aldea autosuficiente y con capacidad para albergar a 365 niños. Más adelante construyó hospitales, escuelas, centros vacacionales e instalaciones para la educación de los niños después de que, a los quince años de edad se vieran obligados abandonar el orfanato. En 1995 se embarcó en otro proyecto: un asentamiento agrario en Kontum, setecientos kilómetros más al norte, para hijos de padres leprosos que, por tanto, no tienen permiso oficial para criarlos. Marina también ha fundado varios centros en los que se atiende y se da refugio a parte de los 25.000 niños huérfanos o abandonados que pululan por las calles de Ho Chi Minh City.

Para llevar a cabo estos planes tan ambiciosos, Marina se ha visto obligada a liquidar parte de su colección. En su nombre Krugier pone anualmente en el mercado una pequeña cantidad de Picassos. Sin embargo, ella ha conservado todas aquellas obras que se refieren a sus propias circunstancias o intereses. De vez en cuando ha comprado cuadros o dibujos que para ella tienen un significado especial. Además de las obras de arte, la herencia de Marina incluyó la grandiosa villa Le Californie en Cannes, que adquirió su abuelo en 1953. Ha remodelado la casa desde el sótano hasta los desvanes y vive feliz con sus cinco hijos, tres de los cuales los adoptó en Vietnam. Un magnífico retrato de su abuela Olga – el único miembro de la familia al que amó, y no sólo porque también ella se llevara la peor parte en el trato con el artista-, cuelga en el lugar más destacado del salón, que en otro tiempo fuera el estudio de Picasso. Marina por fin ha conseguido exorcizar sus demonios.

Nota Final: Según palabras de Marina Picasso «Ningún miembro de mi familia pudo sustraerse al suplicio de aquel genio»: Marie-Thérèse Walter se ahorcó del techo de su garaje; Jacqueline Roque («la implacable guardiana del santuario, la sacerdotisa, huraña, arrogante») se disparó una bala en la sien; Dora Maar murió en la miseria; Olga Kokhlova (abuela de Marina) acabó sus días «humillada, mancillada, degradada por tantas traiciones; nunca fue a pedirle perdón, ni en su lecho de muerte»; Pablo, primogénito de Picasso y padre de Marina, falleció «engañado, decepcionado, envilecido, destruido» por su padre, «su verdugo»; era un Picasso dependiente. Marina ha sobrevivido, pero le costó superar el «síndrome Picasso»: sufrió anorexia, fue internada en el Instituto Pasteur, se sometió durante catorce años a interminables psicoanálisis…

Fuentes: Marina Picasso: Mi abuelo, Plaza y Janés, John Richarson: <<En memoria de Pablito Picasso>>, en Maestros sagrados, sagrados monstruos, Alianza Editorial, 2003.

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3 respuestas a Marina y Pablito Picasso / los demonios del apellido Picasso

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  2. Los herederos de Pablo Ruiz Picasso se apellidan “Ruiz”. Pablo, si bien solicitó la nacionalidad francesa, le fue denegada por ser un “tipo muy sospechoso”. En cuanto a su “herencia” gran parte fue hurtada (robada, al existir publicidad) a José Ruiz Blasco, padre de Picasso, para gloria inmerecida del zascandil hijo.
    Más información en picasso-caos.com (Descarga gratis, sin identificarse, Dama en el Edén Concert desvela la fraudulenta praxis de los herederos de Picasso y sus museos)
    Fdo. Rómulo-Antonio Tenés, investigador de Picasso desde 1974.

  3. lalita dijo:

    gracias Marina por contar tan honestamente lo q un hombre con maldad puede provocar en su familia.
    ayuda a cuidarse de nuestros familiares algunos q sufrimos algo parecido.

    y somos ingenuos o negadores debiles como el hijo y el nieto de picasso.
    gracias por la sinceridad en este mundo donde tan poco se habla de padres q no quieren a sus hijjos y nietos.

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