Kempton Bunton, autor del robo del Retrato del Duque de Wellington: el curioso caso de un Jubilado Indignado

El pasado 21 de agosto fue el aniversario de dos de  los más impactantes de la Historia: Mona Lisa, de  Leonardo da Vinci, robada del Louvre hace 100 años, y El Retrato del Duque de Wellington de Francisco de Goya sustraída de la National Gallery de Londres, exactamente 50 años después. Los dos robos comparten más que la misma fecha. Ambos ladrones ocultaron los cuadros durante varios años sin ser capturados y ambos decidieron devolverlos. Más significativo aún, cuando confesaron, los ladrones desconcertaron a las autoridades pues su perfil inicial no coincidía con el de importantes ladrones profesionales.

Retrato_Duque_de_Wellington_Goya

Retrato del Duque de Wellington de Goya, robado en la National Gallery en 1961

Aunque el robo de Mona Lisa es mucho más famoso, el robo del Retrato del Duque de Wellington de Francisco de Goya es tal vez el robo más extraño de la historia y dejó desconcertada a la policía durante muchos años. En la madrugada del 21 de agosto de 1961 alguien subió a través de una ventana abierta en un baño de la National Gallery, evitó a los guardias y un sofisticado sistema de seguridad tecnológico, y se llevó un tesoro nacional que había sido recientemente el centro de una controversia.

El robo del 21 de agosto causó un gran shock a la National Gallery: era el primer robo que se producía en su sede, y la pintura sólo había estado expuesta tan sólo 19 días tras su adquisición. El trabajo realizado por los ladrones alcanzó una enorme repercusión. Meses antes, el retrato del héroe de guerra más importante de Inglaterra había sido propiedad del duque de Leeds, quien la puso a subasta en marzo de 1961.  Su compra por  140,000 £ por el magnate del petróleo estadounidense Charles Wrightsman indignó a la opinión pública británica.  Para evitar la salida de la pintura del Reino Unido, el gobierno británico invocó una ley rara vez se utilizada para congelar una venta. Entonces, el gobierno, apresuradamente, recaudó  140.000 £ (el equivalente a cerca de 2 millones £, o  3 millones $, actuales), igualando el precio de venta y así mantener la pintura en Inglaterra. El 3 de agosto se exhibió en la National Gallery, donde, gracias en parte a la reciente atención, atrajo a enormes multitudes. Menos de tres semanas más tarde, la pintura desapareció. La Policía Metropolitana  ofreció una recompensa de 5.000 libras para su devolución inmediata.

Tras el robo, una investigación del gobierno, dirigida por Lord Bridges, investigó cómo el ladrón, que aparentemente dejó una ventana del baño abierta el día anterior, fue capaz de acceder, a primeras horas de la mañana, a través de unas obras de construcción en la parte trasera de la galería, y llevarse el cuadro y la escala de la pared en la calle San Martín. Philip Hendy, como director, presentó su dimisión, pero los administradores, presididos por Lord Robbins, se negaron a aceptarlo. Sin embargo, una serie de importantes mejoras a la seguridad se introdujeron a partir de entonces, incluyendo una patrulla nocturna con un perro, y la adscripción de un funcionario de la policía como asesor de seguridad de todas las colecciones nacionales.

National_Gallery_from_atop_Nelson's_Column,_Trafalgar_Square,_London

Vista de la National Gallery desde Trafalgar Square

El trauma de la galería fue acompañado por la especulación sobre el robo y el ladrón. Durante los primeros días se llegó a hablar de que los ladrones pertenecían a una banda francesa que ya se había apoderado en París de una valiosa colección de pinturas. Y como comentario pesimista se pensaba que el robo del Retrato del Duque de Wellington era una venganza por la victoria sobre Napoleón. En tal caso, una vez resuelto el honor patriótico esperaban que lo devolvieran sin más prejuicios.

Mientras tanto, la investigación inicial de Scotland Yard se centró en una extraña nota de rescate que recibió tres semanas después del robo. El ladrón explicaba que: “El acto cometido es un intento de vaciar los bolsillos de aquellos que aman el arte más que la caridad… la pintura no está ni estará en venta, es para pedir un rescate – 140.000£ – que debe darse a la caridad.” Más tarde afirmó que: “Mi único objetivo en todo esto era la creación de una organización de caridad para comprar licencias de televisión para las personas mayores y los pobres que parecen estar abandonados en una sociedad opulenta”, lo que implicaba que la pintura fue robada en una protesta por el pago de la licencia para ver la BBC.

¿Era una broma? Tal vez, pero el autor de la nota adjuntaba una etiqueta perteneciente a la parte posterior del cuadro, lo que sugería que de hecho lo tenía en su poder. Su carta extravagante, aunque un tanto infantil expresaba su indignación por el hecho de que el gobierno británico gastara una suma tan grande en una pintura, mientras que las personas mayores tenían que pagar por ver la televisión. El Goya se devolvería, sugirió el ladrón, si se establecía un fondo de caridad con un valor equivalente (140.000 £) para pagar las licencias de televisión de los  jubilados de la tercera edad. La policía se negó a negociar con el ladrón (la ley británica les prohibió hacerlo). A continuación, una segunda carta de rescate llegó igual de extraña:

“Goya Com 3 El Duque está seguro. La temperatura  vigilada – su futuro incierto.  La pintura no está mal cuidada, iría en contra de nuestro propósito y nos deja expuestos  ante la posibilidad de un arresto.  Queremos el indulto o el derecho a salir del país – el destierro.  Pedimos que algún inconformista con la fortaleza intrépida de un Montgomery inicie la creación del fondo de 140.000 £.  Ninguna ley podrá  tocarlo.  El decoro  puede fruncir el ceño – pero Dios sonríe”. La policía volvió a negarse a responder, lo que provocó una cuarta carta de rescate,  provocando a una de las autoridades:

“Los términos son los mismos…. Una amnistía en mi caso no estaría fuera de lugar. Scotland Yard está buscando una aguja en un pajar, pero no tiene ni idea de donde está el pajar… estoy ofreciendo tres peniques de leña antigua española, a cambio 140.000 £ de felicidad humana.”

 

National_Gallery_1st_floor_plan

Plano de la primera plamta de la National Gallery

En marzo de 1965, llegó de Darlington una carta marcada como “Com 5 y Final”: “ El Wellington de Goya  está a salvo. He considerado este asunto como una aventura en broma  – las autoridades se niegan a verlo de esta manera. Ahora que sé que estoy en el mal, he ido demasiado lejos para retroceder. “El ladrón propuso la devolución anónima de la pintura seguido de una exposición en la que el público pagaría cinco chelines para poder verla, los fondos se enviarían a una organización benéfica. . . y al ladrón no se le perseguiría.

El Daily Mirror aceptó el reto de organizar esa exposición con entusiasmo, y sugirió que, “este gran tesoro nacional del arte debe ser llevado inmediatamente a cualquier quiosco de prensa en la tierra”. Aunque ni la policía ni la National Gallery podían ofrecer inmunidad, el Mirror se convirtió en una vía de comunicación, y en mayo llegó una nota a las oficinas del periódico con un ticket de equipaje del guardarropa de New Street, la estación de ferrocarril de Birmingham. Gracias al ticket se obtuvo un paquete asombroso – el Goya robado en buen estado, pero sin su marco. La pintura había sido depositada por alguien que se identificó como “Mister Bloxham,” probablemente una referencia a la obra de Oscar Wilde “La importancia de llamarse Ernesto“,   en la que cuenta como la señora Bloxham se encuentra un bebé en un bolso en un control de equipaje de la estación de ferrocarril. La obra se mostró  en una conferencia de prensa el 24 de mayo de 1965, y volvió a ser expuesta, casi cuatro años después de haber sido robada.

Kempton Bunton, el ladrón indignado

La policía no pudo localizar a “El señor Bloxham.” Pero unos meses más tarde un hombre mayor entró en una comisaría de policía y anunció que había él era el autor del robo del Goya.  Cuando en julio de 1965 un taxista jubilado de 61 años de edad, anunció en la estación West End Central de la Policía que había robado el Goya, fue difícil para la policía tomar en serio a Kempton Bunton puesto que su imagen no coincidía con la imagen que tenían sobre quienes habían enviado una secuencia de notas, escritas en mayúsculas, para varios periódicos. Kempton Bunton, tenía un asombroso parecido con Alfred Hitchcock, pero no se parecía al perfil que tenía Scotland Yard sobre el secuestrador del Duque de Wellington: una persona deportiva, un ladrón ingenioso, profesionales del arte. Pero Bunton confesó el crimen, y en el fondo había un aspecto importante que encajaba con el perfil de la policía: había sido multado dos veces por negarse a pagar su licencia de televisión, un acto de desobediencia civil en consonancia con el motivo del robo propuesto para el rescate en las notas enviadas a los medios.

Kempton_Bunton

Kempton Bunton, el ladrón del Retrato del Duque de Wellington según la Justicia Brtánica

Kempton vivía en Yewcroft Avenue, Newcastle en la época que sucedieron los hechos y ya había sido un asiduo en las columnas del Evening Chronicle a principios de la década de 1960 debido a su campaña para las licencias de televisión gratuita para jubilados. Él mismo había alterado su televisión para que no pudiera recibir la BBC y se negó a pagar la cuota de la licencia de la televisión, alegando que sólo podía ver ITV. Incluso pasó dos cortos periodos de tiempo en la cárcel de Durham por negarse a pagar su licencia de televisión. Fue durante este tiempo cuando un rico americano compró la pintura de Goya del duque de Wellington para su colección privada, pero el Gobierno decidió que era un tesoro nacional y pagó £ 140.000 para evitar que saliese del país. Kempton estaba indignado por esto, diciendo: “¿Sabes cuántas licencias de televisión para  jubilados se podrían haber pagado?” También  conducía  camiones de largo recorrido y durante uno de sus viajes se alojó en Londres. Estaba intrigado con la publicidad que rodeaba el cuadro de Goya, se dio una vuelta por la National Gallery  y se puso a conversar con los guardias. Hablaron del complejo sistema de seguridad de alta tecnología que rodeaba todas las pinturas famosas y que era imposible, incluso para los criminales más sofisticado y atrevidos acercarse a los cuadros. Luego le comentaron  que a primeras horas de la cada mañana todo estaba apagado para realizar las labores de limpieza. “Fue un golpe de suerte para mí. “Los guardias debían estar jugando a las cartas. Me metí en una escalera a la izquierda de la obras “. “He sido multado tres veces por no pagar mi licencia de televisión. En el momento en que me llevé la pintura estaba indignado porque el Gobierno no permitía la televisión gratuita para los pensionistas.  Por eso robé la pintura. “

Cuando Kempton Bunton se entregó a la policía en julio, realizó  una declaración en el que se explicaba que: “(1) Mi secreto se ha filtrado. No me gustaría que cierto caballero se beneficiara económicamente hablando con la ley. (2) Estoy enfermo y cansado de todo este asunto. (3) Al entregarme en Londres puedo evitar el estigma de ser traído aquí encadenado”.  Kempton Bunton fue acusado de cinco cargos: por el robo de la imagen, por el robo del cuadro, por exigir dinero a Lord Robbins con amenazas, por la obtención de dinero con amenazas de manera similar al editor del Daily Mirror, y por las “molestias al público por la sustracción y la detención ilegal de un cuadro expuesto en la Galería Nacional”.

El juicio fue casi tan raro como el presunto robo. Los abogados de Bunton (Jeremy Hutchinson) apelaron al curioso argumento de que no podía ser culpable de robo, porque Bunton siempre tuvo  la intención de devolver la pintura. El juez, un ex jugador de rugby profesional, aceptó el argumento y ordenó al jurado en consecuencia – diciéndoles que si no se creían que Bunton tuviera la intención de mantener la pintura en su poder (poco probable, ya que él mismo la devolvió), se le debería absolver. En consecuencia, el jurado encontró  a Bunton no culpable del robo de la pintura, pero culpable del robo de su marco, ya que este último nunca fue devuelto. El juez lo condenó a tres meses de prisión, al que acompañó  con un tirón de orejas verbal: “Los motivos, aunque sean buenos, no pueden justificar el robo, y arrastrando en las galerías públicas con el fin de extraer imágenes de valor para que pueda utilizarlos para sus propios fines tiene que ser desalentados. “

 

the_front_page_of_the_chronicle_in_november_1965

Primera página del Chronicle en Noviembre de 1965

Este robo provocó una extravagante cambio en la legislación del Reino Unido. En 1968, generó la creación de la Theft Act 1968, una ley que revisaba las anteriores en materia de robo y delitos similares en Inglaterra y Gales. El  Parlamento incluyó una cláusula que hace que sea ilegal “quitar sin autorización cualquier objeto que se muestra o se mantiene para la exhibición al público en un edificio al que tiene acceso el público” – independientemente de su motivo o la intención de mantener o devolver el objeto. Bajo esta ley, que bien podría haber sido llamada la Ley de Kempton Bunton, su “préstamo” del Goya habría sido un crimen sin ambigüedades.

En otros aspectos, sin embargo, la historia de Bunton, no tenía sentido (empezando por el hecho de que este hombre corpulento, anciano discapacitado no parecía un candidato capaz transportar una pintura por una ventana y bajar con ella más de cuatro metros). Después de haber sido acosado durante cuatro años, las autoridades optaron por aceptar la confesión Bunton en primera instancia.

Hay notas importantes a este extraño caso. En 1969, varios años después de la condena Bunton,  se presentó otra persona afirmando ser el culpable. Bunton aprovechó la oportunidad para retractarse de su confesión y afirmar su inocencia, pero después de una breve investigación de Scotland Yard llegó a la conclusión de que el nuevo confesor no era creíble y Bunton, de hecho culpable. Hutchinson, el abogado,  recuerda haber visto un comunicado en el momento del juicio alegando que alguien obtuvo la pintura y se lo pasó a Bunton, pero sin aclarar lo que realmente sucedió. Kempton Bunton podría haber utilizado la pintura para promover su causa y confesó para encubrir a otra. En 1996, sin embargo, la National  Gallery emitió un comunicado declarando que Bunton probablemente era inocente después de todo. John Bunton, su hijo fue mencionado en los documentos. Esta declaración se produjo dos décadas después, demasiado tarde para ayudar a Bunton, quien falleció en 1977. Pero si la declaración de la galería era exacta, el robo más extraño del mundo de arte no ha sido resuelto hasta la fecha.

Mientras, las licencias de televisión finalmente fueron anuladas para los jubilados Pero satisfacer la petición de rescate de un ladrón inusual exige mucho tiempo. En el Reino Unido, el año pasado, la cuota de la licencia se planteó de nuevo como un problema, resuelto finalmente en octubre con el anuncio de que las cuotas de las licencias para los pensionistas se extenderán al menos hasta el 2017. En algún lugar, Kempton Bunton sonríe con nosotros, sea o no el que le robó la pintura.

007_Dr._NoEl robo llamó la atención enorme de los medios  y capturó la imaginación popular. Realidad y ficción a menudo se superponen en los casos de robo de arte . Sin embargo, el vínculo entre las dos fue muy específico cuando en Dr. No , la primera de las novelas de Ian Fleming de James Bond se lleva a la pantalla en 1962; la guarida bajo el agua del científico malvado en Cayo Cangrejo, Jamaica, es el lugar para un encuentro inesperado. Sean Connery, como James Bond, hace una pausa mientras camina por la sala para admirar un retrato sobre un caballete – es El Duque de Wellington de Goya

 

bond_Dr_No_Duque_Wellington

Epílogo

Kempton Bunton ha pasado a la historia por participar en uno de los robos más extraños de la Historia del Arte. Al principio fue tomado por un ladrón brillante y sofisticado que desafiaba los más complejos dispositivos y sensores electrónicos de alarma que custodiaban un tesoro nacional. Posteriormente y tras su confesión y juicio fue tomado por un Robin Hood que robaba al Estado para dárselo a los pobres. Pero Burton representa más que eso, personifica la figura del hombre de la calle, un jubilado indignado ante el Estado y una sociedad que les da la espalda. Sus demandas están plenamente justificadas si pensamos en una sociedad justa y equitativa.

La estrategia llevada a cabo por Bunton parece estar muy cercana a los movimientos sobre derechos civiles de la segunda mitad del siglo XX. De la desobediencia civil a la acción, Bunton es un hombre de acción. Nuestro tiempo es pobre en grandes hombre pero produce figuras. Bunton pertenece al selecto grupo de que pasan a la acción siendo conscientes del sacrificio que representa. Está más cerca de las reivindicaciones que se produjeron esta primavera en España, léase Movimiento , Indignados, o Spanish revolution… y a formas de organización social del siglo XXI. Podemos recordar que incluso planteaba la creación de una ONG: “Mi único objetivo en todo esto era la creación de una organización de caridad para comprar licencias de televisión para las personas mayores y los pobres que están abandonados en una sociedad opulenta”.

Fuentes: Wikipedia, The ChronicleLive, Art-Info

En la actualidad Alan Hirsch y Noah Charney están escribiendo un libro sobre el robo de la “Duque de Wellington.

 

Esta entrada fue publicada en Arte, Etica, Pintura, Vista y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Kempton Bunton, autor del robo del Retrato del Duque de Wellington: el curioso caso de un Jubilado Indignado

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. israel pozos dijo:

    Historicamente los museos, las galerias y las colecciones privadas de arte han sido robadas sin empacho por sus propios vigilantes, por sus propios encargados de custodiar tales tesoros ¿como?, simplemente susutrayendolas cuando ya se tienen reproducciones falsas, replicas “autentificadas” por ellos mismos y asì hay muchas obras falsas en los museos mas afamados y “prestigiados” del orbe, inclusive esculturas monumentales extraidas y remplazadas en noches tormentosas o a la luz del dia sin mayor notoriedad, sobretodo en los museos y galerias de ciudades menores del mundo subdesarrollado. Saludos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *


*